Argumento del Lazarillo de Tormes

Argumento del Lazarillo de Tormes

Prólogo:
En la primera parte, encontramos el motivo de porqué está escribiendo esto; es decir, para dar noticia y evitar que estas cosas nunca oídas ni vistas caigan en el olvido.

En el prólogo, el personaje se compara con un soldado raso que se dirige al frente de combate dispuesto a dar su vida. O sea, Lázaro considera que su labor de ascenso tiene tanto mérito como la del soldado y por eso merece la pena que se cuente desde el principio y que el mundo la conozca.

Tratado I "La familia de Lázaro y el ciego"

La familia de Lázaro se deshace  del protagonista de una manera dura para un niño. El padre, quien trabaja como molinero es acusado por unas sangrías mal hechas y por eso es condenado al destierro; luego toma parte en la lucha contra los musulmanes y cae muerto.

Tanto la madre como el padrastro del Lazarillo, los cuales trabajan en la misma casa, fueron acusados de robar cebada, junto, salvado, leña, almohazas, mandiles y mantas; todo esto para poder criar al pequeño hermanito. Gracias a está falta fueron condenados: por un lado la madre recibió el acostumbrado centenario que consistía en un centenar de azotes y el padrastro fue azotado y pringado, es decir, luego de los azotes vertieron grasa sobre las heridas causadas por éstos.

Luego de todo este hecho, la madre decide recuperar su honra y se va a trabajar prestando servicio en el mesón de la Solana. Este lugar comenzó a ser frecuentado por un ciego que pidió a Lázaro como guía. Su madre, argumentando que su padre había sido un buen hombre y que confiaba en que el Lazarillo no saldría peor hombre que éste entregó a su hijo como criado.

La anécdota contra el toro de piedra.
Esta es la primera cuestión que relaciona a Lázaro con el ciego y tuvo lugar en el mismo momento en que salían de Salamanca. Cuando estaban cruzando el puente se encontraron con un toro de piedra y fue ahí cuando el ciego dijo al niño que si se acercaba al animal podría escuchar ruidos. El inocente pequeño lo hizo de ese modo y al acercar la cabeza a la piedra, el ciego le dio una calabazada tan fuerte que el dolor le duró tres días.

La anécdota del vino y el jarrazo.
Lázaro, al ser un adicto al vino, desde pequeño, se atrevía a robarle un poco de su jarro al ciego cuando comía con una pajilla; pero el astuto amo lo notó y comenzó a colocarse el jarro entre las piernas. Un día, el niño hizo un agujero en el jarro, tapándolo con cera. Así, al momento de comer, Lázaro se colocaba entre las piernas del ciego con el pretexto de cobijarse, derretía la cera y comenzaba a beber.

El Lazarillo de Tormes
Estuvo con este truco un tiempo hasta que llegó el día en que el ciego descubrió el engaño pero simuló no saber nada. Determinado día, siguiendo la rutina, Lázaro se encontraba entre las piernas del ciego bebiéndole el vino y éste se lo soltó en plena cara lastimándolo y rompiéndole los dientes.

La anécdota de las uvas.
Otras de las anécdotas giró en torno a un racimo de uvas que el amo trajo un día. Acordaron comerlo juntos cogiendo una uva cada uno por turnos, pero de repente el ciego comenzó a tomarlas de dos en dos. Entonces el niño hizo lo mismo hasta que el ciego continuó agarrando de tres en tres y el niño volvió a seguir el ejemplo.

Finalmente, una vez terminado el racimo, el ciego comenta al niño que sabe que las ha tomado de tres en tres. A pesar de que el Lazarillo niega el hecho, el viejo da un argumento al niño de por qué lo acusa diciéndole "Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas"

La anécdota de la longaniza
Cierto día el ciego se hallaba cocinando una longaniza y Lázaro sintió muchos deseos de poder comerla también. Aprovechando que su amo le dio dinero para ir a comprar vino, cambió la longaniza por un nabo y se la comió camino a la taberna. Al regreso del niño, el ciego lo acusó de la falta del embutido y al ver que Lázaro negaba el hecho, metió su nariz en la boca del pequeño para oler su aliento. Debido a que la nariz le había alcanzado la epiglotis, vomitó la longaniza y el ciego le dio tremenda paliza por lo que Lázaro debió ser salvado por los vecinos que vieron el hecho.

A lo largo de su despertar a la vida, Lázaro va haciendo una serie de comentario, como por ejemplo, luego de la calabazada contra el toro de piedra dice: "Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer".

El comentario siguiente lo encontramos exactamente después del anterior cuando el ciego le dice: "Yo ni oro ni plata te puedo dar: mas avisos para vivir muchos te mostraré" Seguido a esto, Lázaro reflexiona."Y fue así, que, después de Dios, éste me dio la vida y, siendo ciego me alumbró y adestró en la carrera de vivir".

Tratado II "El clérigo de Maqueda"

Al comparar a su nuevo amo con  el ciego, el segundo es quien sale mejor parado.

La anécdota de la llave.
Lázaro consigue una copia de la llave de la despensa donde su amo guarda las provisiones.

El clérigo en un primer momento creía que eran ratones quienes estaban robándole el pan, pero luego, gracias a la influencia de los vecinos, comenzó a pensar en una culebra. Determinada noche, escuchó un silbido y, haciendo el intento de dar con el animal, fue a dar a lugar donde el niño estaba durmiendo. Este escondía la llave en su boca (gracias a que tenía los dientes rotos por el jarrazo que le había dado el ciego) y ese era el silbido que el clérigo escuchaba ya que Lázaro estaba durmiendo con la boca abierta, pasando el aire por el agujero de la herramienta. Así el clérigo, al escuchar el sonido se acercó al niño y descubrió el engaño.

Tratado III "El escudero"

Este amo le da un buen trato; pero es muy pobre. Es conmovedor y casi patético leer cómo trata de esconder su pobreza. A pesar de que el niño se muestra agradable con su amo, tiene muy claro, en su interior, que el escudero es sólo una imagen de riqueza pero que en el fondo, es completamente pobre y que sólo intenta mantener su honra. Sobre la vida, Lázaro aprende algo muy importante en el final: que la honra no sirve de nada.

Tratado IV, V y VI

El Buldero
Lázaro descubre las trampas del buldero cuando, luego del milagro con la bula hacia el aguacil, ambos se van riendo y comprendió que todo había sido una burla de estos hombres; aunque reconoce que tanto él como el resto de los presentes creyeron que realmente habían presenciado un milagro.

El Aguador
En los sueños heroicos de caballerías y en los bellos discursos sobre las armas y las letras la espada era símbolo de nobleza y superioridad, por eso Lázaro al conseguir la espada se siente orgulloso de sí mismo.

El autor pone la espada en manos del autor porque a pesar de que en la Edad Media ésta era un símbolo de respetuosidad, en la actualidad del personaje sólo era un elemento corriente y que casi todo el mundo poseía, en este caso, hasta un pobre aguatero.

Tratado VII

De la psicología de Lázaro, podemos deducir que es un personaje simplista que al no encontrarse a gusto en un trabajo o en el que corre peligro directamente lo abandona sin intentar defenderse con la espada que ha conseguido.

Según las propias palabras del autor, él consigue paz en su casa diciendo a los que comentan sobre la impureza de su mujer que si son amigos no digan cosas que le pesen, porque él conoce a su mujer y jura sobre la mismísima hostia que su mujer es muy buena. Además amenaza con la muerte a quien se anime a decir otra cosa. Y Lázaro nos dice que "De esta manera no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa".

Estar en la cumbre de la fortuna simboliza para Lázaro haber alcanzado lo máximo a lo que podía aspirar alguien de su origen; estar casado y con un oficio real, aunque eso implique perder su honor para conseguirlo. De este modo, es predecible el final ya que todo el mundo comenta que su mujer le sirve a él, su marido y a un arcipreste a la vez; pero estas cosas traen sin cuidado al personaje, quien sólo se ocupa de callar a los que dicen esas cosas.
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